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segunda-feira, 26 de novembro de 2018

Fidel... y la muerte que nunca será

(...) al que se puso de raíz de su tierra, y dio a su pueblo el derecho de codearse con los hombres, se le quiere, como a cosa de las entrañas (...) se le abre, para que por él se entre, nuestro corazón...                                                     José Martí

Autor:  | yudy@granma.cu


Y también resonó Fidel, como si estuviera hablándole otra vez a la multitud. Foto: Roberto Chile

(...) al que se puso de raíz de su tierra, y dio a su pueblo el derecho de codearse con los hombres, se le quiere, como a cosa de las entrañas (...) se le abre, para que por él se entre, nuestro corazón...
                                                     José Martí
A la misma universidad donde se hizo revolucionario volvió Fidel este sábado, y allí estuvo con los jóvenes en quienes siempre creyó. En ellos, dos años después, que de pronto serán décadas, siglos..., continúa naciendo...multiplicándose.
La velada político-cultural en homenaje al segundo aniversario de la de­saparición física del Comandante, que encabezó el Presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, fue apenas un pretexto para llenar de generaciones, en nombre de un país, la escalinata de la Universidad de La Habana. De generaciones que le conocieron, que le sintieron y que han de continuar su empeño.
Allí se evocó, en un resumen de vida que desmiente cualquier asomo de muerte, la historia del joven universitario, del moncadista que se autodefendió, del expedicionario, del guerrillero que bajó victorioso de la Sierra y del estadista, siempre visionario, que alertó sobre lo difícil de llevar adelante la Revolución, la misma que habrá de seguirse construyendo… defendiendo.
Allí se escuchó decir a Ronal Hidalgo Rivera, segundo secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas, que «Fidel es hoy necesario y vital. Su palabra certera, sus denuncias contra los horrores del imperialismo, su preocupación por el planeta y su solidaridad con los humildes de la tierra, son banderas que no caerán jamás de nuestras manos».
Y también resonó Fidel, como si ­estuviera hablándole otra vez a la multitud. En uno de los discursos escogidos para la noche, Fidel preguntaba si los jóvenes entregarían la Revolución, si la traicionarían... Y al igual que en el momento real de sus palabras, los jóvenes de hoy lanzaron un no vigoroso, rotundo, un no de continuidad. Ese no, les respondía Fidel, es lo único que podemos esperar de ustedes. La historia, tan caprichosa y sublime, por obra de la «causalidad», se repite.
La velada, por sobre todas las cosas, fue un homenaje en clave de verso y canción; un homenaje, sin estridencias innecesarias, al «ardiente profeta de la aurora», que hizo suya «la necedad de vivir sin tener precio», consciente de «cuánto costó este cielo, cuánto la tierra amada, cuánto alzar la bandera que inmolarse los vio». Por eso, «tu historia crecerá», porque «el Fidel vivo es eterno y el Fidel muerto no existe».
Fidel es semilla que ha de seguir germinando.

segunda-feira, 13 de agosto de 2018

“¡Feliz cumpleaños Fidel!”

Por: Dianet Doimeadios GuerreroIsmael Francisco

El batey está desvelado. Víspera del 13 de agosto, el pueblo acostumbra a estar repleto de invitados y la gente no deja de maravillarse. Una señora se acerca para preguntar si es cierto que esta noche presagian “fogonazos en el cielo” y un músico recién llegado se lo confirma, le pide que reserve un deseo.
Han visto desfilar cientos de jóvenes, más de quinientos, dicen. Está repleta la finca. Vienen de todas partes de la provincia de Holguín, con mochilas y todo tipo de dispositivos tecnológicos “al hombro”. Han llegado para acampar, unos por primera vez, otros repiten el viaje porque es Birán “un sitio de insoslayables regresos”.
Cuenta Yanelis, la mayaricera, que este lugar es mágico. “Conozco la casa del Comandante, pero volver aquí siempre me permite conocer un nuevo rinconcito por donde él estuvo, sus esencias. Y eso para nosotros es lo más grande”.
Al sendero le nacen casas de campaña, cobijas tendidas por afinidad, banderas clavadas en el barro que dejó el torrencial de la tarde. La cuadrilla más bullanguera toma por asalto el río, una charca que guarda las aventuras y complicidades de los hombres que animaron el combate “por la gente y sus vidas”.
Desde “Rolo Monterrey”, tierra roja de níquel e industrias, vino Anier. Hace dos meses terminó “el verde”, ahora está de vacaciones. “Cuando uno ama al líder histórico, quieres saber dónde nació y llegar algún día hasta aquí”, afirma el joven más risueño del campamento.
En los alrededores de Sabanilla de Birán, a unos kilómetros de la casa levantada sobre pilotes de caguairán, la vida se celebra en grande.
Por la improvisada tribuna, desfilan artistas de aquí y de allá, repentistas y declamadores, cantantes y trovadores. Jorge Gómez da la orden y el Grupo Moncada descuenta de un acorde las horas en calma que el poblado ha acumulado en meses.
“Esta es la noche grande de ellos e increíblemente nunca habíamos tocado aquí, sería imperdonable no hacerlo”, comenta el creador de tantas canciones.
“Esta fiesta no hay quien se la quite a Birán —dice Élcida convencida—. Es una vez al año y uno disfruta las luces, el jolgorio. ¡Vea que sí!”
A las doce, prenden trece fogatas, una al lado de la otra, en círculo, iluminando la noche al mismo tiempo. La brisa de la Sierra de Nipe zarandea el aroma de los cedros, se respira una libertad venerable.
Si la algarabía de los muchachos se apagara de un tajo, saltaría la calma bienhechora del terruño, la misma que el hijo de Lina y don Ángel rompió con su llanto el 13 de agosto de 1926. Noventa y dos años atrás.
Pero la emoción no hace silencio entre jóvenes, y menos cuando una estrella escapa fugaz del cielo, y las raíces se hunden en la tierra para entregar a los vientos de esta isla, lo más entrañable, el espíritu. Son las dos en punto de la madrugada y en Birán todos cantan “¡Feliz cumpleaños Fidel!”.

segunda-feira, 27 de novembro de 2017

O último encontro de Fidel Castro

Por Atilio A. Boron

 Faz um ano que você se foi. Os meios de todo mundo disseram, com ligeiras variações, algo como “a morte levou  Fidel”. Mas, com todo respeito, Comandante, você sabe que não foi assim porque você elegeu o dia de sua morte. Perdoe meu atrevimento mas ela não veio lhe buscar; foi você, Fidel, quem a convocou para esse dia, o 25 de novembro, nem um antes, nem um depois. Quando cumpriu 90 anos, você disse  a Evo Morais e Nicolás Maduro que “até aqui chego, agora toca a vocês seguir caminho”. Mas você também seguiu seu caminho, aferrando-se à vida em uns meses mais até o momento preciso em que tinha chamado a morte para que o viesse  buscar. Nem um dia antes, nem um dia depois.
O que me leva a pensar assim? O fato de que em  cada uma das coisas que fez desde sua juventude sempre transmitiu um significado revolucionário. A simbologia da Revolução acompanhou-o toda sua vida. Você foi um maestro consumado na arte de se referir à Revolução e sua necessidade em  cada momento de sua vida, pronunciando vibrantes discursos, escrevendo milhares de notas e artigos, ou simplesmente com seus gestos. Sobreviveu milagrosamente ao assalto ao Moncada e aí, de “ pura casualidade”, você aparece ante seus juízes justo embaixo de um quadro de Martí, o autor intelectual do Moncada! Quem poderia achar que isso foi um fato casual? É verdadeiro: a morte foi  buscá-lo infinitas  vezes, mas nunca o encontrou: debochou aos esbirros de Batista que o buscavam no México e sobreviveu a mais de seiscentos atentados planejados pela CIA. Você ainda não a tinha chamado e ela, respeitosa, esperou que você o fizesse.
Um homem como você, Comandante, que fazia da precisão e da exatidão um culto, não podia ter deixado a esmo seu passo à imortalidade. Revolucionário integral e inimigo do culto à personalidade (exigiu que, à sua morte, não tivesse uma só praça, rua, edifício público em Cuba que levasse seu nome) quería que a recordação de sua morte não fosse só uma homenagem a sua pessoa. Por isso lhe ordenou que o viesse a buscar justo no mesmo dia em que, sessenta anos antes, fazia deslizar rio abaixo –sem ligar os motores– o Granma, para iniciar com seu travesía a segunda e definitiva fase de sua luta contra a tiranía de Batista. Queria dessa maneira que a data de sua desaparição se associasse a uma meta inesquecível na história da Revolução cubana. Que ao  recordar  você as seguintes gerações recordassem também que a razão de sua vida foi fazer a Revolução, e que o Granma simboliza como poucos seu legado revolucionário.
Conhecendo-o como o conheci sei que você, com sua enorme sensibilidade histórica, jamais deixaria que um gesto como este –a lembrança da epopeia do Granma– ficasse a esmo. Porque você nunca deixou nada a esmo. Sempre planificou tudo muito conscientemente. Você me disse em mais de uma ocasião “Deus não existe, mas está nos detalhes”. E alinhado com esta atitude o “detalhe” da coincidência de sua morte com a partida do Granma não podia passar inadvertida a uma mente tão lúcida como a sua, o seu olhar de águia que via mais longe e mais fundo. Além disso, seu sentido do tempo era afinadísimo e sua paixão pela pontualidade extraordinária. Você atuou toda sua vida com a precisão de um relógio suíço. Como ia deixar que a data de sua morte ocorresse em qualquer dia e sepultasse no esquecimento a partida do Granma e o início da Revolução em Cuba? Você quis que a cada ano, ao homenagear a sua figura, se recordasse também o heroico começo da Revolução naquele 25 de novembro de 1956 junto a Raúl, o Che, Camilo, Ramiro, Almeida e tantos outros. Você a chamou e a morte, que sempre respeita os grandes para valer, veio  pontualmente. Não se atreveu a desafiar seu mandato. E seus médicos também não, aos quais estou seguro lhes advertiu que não lhes ocorresse lhe aplicar medicamento algum que estragasse seu plano, que sua morte ocorresse antes ou após o que você tinha decidido. Ninguém deveria interpor a sua vontade de fazer de sua própria morte, como o tinha feito ao longo de toda sua vida, seu último grande ato revolucionário. Você o planificou com a minuciosidade de sempre , com essa “paixão pelos detalhes” e a pontualidade com que fez cada uma de suas intervenções revolucionárias. Por isso hoje, a um ano de sua partida, o recordamos como esse Prometeu continental que aborda o Granma para lhe arrebatar o fogo sagrado aos deuses do império que pregavam a passividade e a submissão para que, com ela, os povos de Nossa América acendessem o fogo da Revolução e abrissem uma nova etapa na história universal.

Até a vitória sempre, Comandante!

25 de novembro de 2017: um ano sem Fidel, viva Fidel!



SER  TRATADO COMO SERES HUMANOS
FIDEL, HUMANISTA MARTIANO
   Son numerosas las referencias de quienes trataron con frecuencia a Fidel o de quienes compartieron con él, ya fuera a solas o en grupos, acerca de su constante preocupación por atender los más diversos asuntos propios de esas personas o de cualquiera otra relacionada con él o con su trabajo. Tales testimonios  rememoran ejemplos y momentos diversos, desde   los preparativos para el asalto al cuartel Moncada hasta sus años finales, cuando su vida pública se redujo notablemente. 

   No deja de admirar cómo un líder político que alcanzó dimensiones  de talla universal, y que manifestó sistemáticamente estar muy atento a los grandes problemas de la humanidad contemporánea, no dejara de tener sus sentidos enfocados también hacia una multitud de asuntos de su propio país y de sus conciudadanos, a menudo con sus nombres y apellidos.  Es cierto que ya como jefe de estado dispuso de un aparato de apoyo y de colaboradores, casi siempre imbuidos de similares anchas preocupaciones humanistas. Basta recordar a Celia Sánchez Manduley, quien desde los días de la Sierra Maestra y hasta su deceso fue su  más  sensible y eficaz  asistenta, cuya lealtad y perspicaz ojo crítico  le mantenían al tanto de lo que pensaban y sentían hasta los cubanos más humildes y sufridos.
   Mas no caben dudas de que la personalidad de Fidel justamente exigía semejante contacto, directo y sistemático por sí mismo, y también por parte de quienes le rodeaban o ejercían cualquier función en nombre de la Revolución.  Por eso prácticamente no ha quedado rincón de Cuba, centro de trabajo, escuela, hospital, campo deportivo, que él no visitara y hablara con quienes allí residían, estudiaban o  laboraban.  Por eso no exageran  aquellos que atribuyen a su gestión personal, a su atento seguimiento, la obra de la que forman parte o en la que están involucrados de una u otra manera, y que es parte de su trayectoria personal, la de cada uno de ellos. Por eso hizo parte del modo de ser del cubano actual lo mismo defender con las armas la independencia de Angola y contribuir al fin del apartheid, que enseñar a leer y escribir en Nicaragua, que volcar todo tipo de solidaridad activa a Venezuela, que brindar asistencia médica por Latinoamérica,  África,  Asia, las islas del Océano Pacífico. Por eso asombraba su conocimiento al detalle de tantos asuntos del país y del mundo, su insistente manera de preguntar lo mismo a los más altos responsables que a los más sencillos participantes de una obra cualquiera. 
   ¿Ilimitado afán de saber? Probablemente. Pero, aún más, fue de esos individuos a los que nada humano, incluida cada persona,  les es ajeno. Su personalidad, para realizarse a plenitud,  requería de esos saberes, de esos contactos y de ese compartir  que fundamentaban su acción, sus pretensiones, sus deseos, su impulso para luchar por el mejoramiento de los seres humanos  y de las sociedades.
   Ese original y maduro concepto de Revolución que nos entregó tras su larga experiencia de liderazgo político, revela en más de uno de los rasgos  de su definición la impronta martiana de su pensamiento. Plantearse que el trato entre los seres humanos en medio de la Revolución ha de sustentarse en la propia condición humana fue planteo del Maestro y modo habitual de ejercer su práctica en todos los campos.
   Fidel se aleja de los esquemas sociológicos y teóricos para conceptualizar la Revolución, y como Martí, no la expresa solo como un  gran movimiento social, sino que la conduce también hacia el individuo. A veces se ha argüido que en la vorágine de los procesos revolucionarios, como grandes momentos transformadores que impulsan y movilizan a grandes masas y requieren de choques y rupturas hondas  que se hacen sentir en los más diversos órdenes, no cabe el individuo. Hay quien ha dicho, incluso desde posiciones consideradas marxistas,  que el individuo es sustituido por la masa.  La frase que comento de Fidel es la de un  verdadero humanista: la Revolución —la del socialismo, explicito yo— requiere de un trato entre las personas como seres humanos, de cada uno hacia los demás. Ahí radicaría una de las diferencias esenciales con  el capitalismo, que no es solo un sistema económico y social sino toda una cultura, un  modo de ver, sentir y vivir principalmente para sí.    
   Por tanto, para Fidel, la Revolución tiene que cambiar las relaciones sociales hasta en el plano interpersonal. Y quien lea y estudie el pensamiento de Martí comprende de inmediato que él también partía de semejante punto para fundamentar su idea de la república nueva cubana, antillana, que sería distinta a las repúblicas oligárquicas del continente en las que se mantuvieron las antiguas estructuras económicas y sociales de la colonia, así como su cultura, su modo de ser y de pensar excluyente de las grandes mayorías.  La república martiana, con base en las grandes mayorías, habría de alcanzar toda la justicia y no solo una parte de ella, como le escribió el Maestro  a Antonio Maceo. Y por eso proclamó Martí que la ley primera de esa república sería el culto a la dignidad plena del hombre.  

   Aunque implícito, es evidente el sentido ético en la idea de Fidel, pues se pide el respeto recíproco a la condición humana en el trato dentro de la Revolución.  Y sabemos que esa condición no era para Martí un concepto hueco, como tampoco lo fue para  Fidel. Ser tratado como ser humano significa tener acceso al trabajo, a la educación, a la salud, a la cultura artística, etc.  En dos palabras desarrollar y potenciar las capacidades, los sentimientos, la vida espiritual y los requerimientos materiales básicos como vivienda y alimentación entre otros. Si el trato respeta esa condición humana, respeta la integridad de las personas,  y se contribuye así a su desenvolvimiento y mejoría, se logran entonces la justicia y la dignidad.
   Por consiguiente, Fidel se integra al procedimiento del pensar martiano que no estableció una oposición entre individuo, sociedad y naturaleza, sino que fueron vistos todos por el Maestro como una unidad posible de alcanzar o, mejor, de recuperar. Fidel evade la dicotomía individuo-sociedad: la Revolución necesita comprender que la sociedad no es una simple suma de individuos, pero que sin estos no se puede hablar de aquella. Y ello es revolucionario porque es una manera diferente de plantearse el asunto y, a la  vez, requisito imprescindible para llegar a una sociedad más justa, más digna. Hacer revolución significa, pues, cambiar la sociedad y dentro de ello a las personas.  Y ese cambio ha de encaminarse hacia la justicia, hacia la dignidad.
   Estoy convencido de que más que cualquier doctrina filosófica y que cualquier ideología este sentido ético en Ia idea expresada por Fidel, como en todas las de ese tipo, es consecuencia de su aprehensión del pensamiento martiano. Es sabido que desde joven, a tenor con lo que ocurría entre las ideas más avanzadas en la Cuba de entonces, Fidel estudió los textos de Martí, costumbre que a todas luces mantuvo a lo largo de su existencia, como se desprende de sus constantes referencias a ideas y frases de esos escritos ante los más disímiles temas y situaciones.
   En verdad, el componente ético es característica singular del pensamiento fidelista. Por lo general sus planteos se sostienen en criterios morales, ya sea en sus señalamientos negativos hacia el capitalismo como en sus fundamentaciones de la necesidad de la Revolución y en la defensa de la obra de esta. Varias veces insistió en señalar que los seres humanos no se podían concebir como entes que seguían tras una zanahoria, al igual que  uno de los caballos de batalla de su pensar fue la consideración del peso de la conciencia en la actuación humana y en el desarrollo de la Revolución. Por eso llamaba a  crear conciencia, a que la Revolución no preparase robots o máquinas que obedeciesen a mandos, sino a personas capaces de entender y explicarse sus actos, y de decidir por sí su adscripción a las tareas de la Revolución.   Conciencia y principios fueron temas del ideario fidelista y puntales, sin duda alguna, para su concepto de Revolución  y de los seres humanos que esta debía ir formando.
   Lo interesante de tales pronunciamientos es que, además de afincarse en palabras denotativas de valores  (honra, decoro, dignidad, el bien), suelen referirse en términos afirmativos a actitudes, a conductas —bien sociales, bien individuales—,  que convierte en ejemplos por seguir.  Tal es el caso de la presente idea a que me refiero, cuyo sentido ético se expresa como el enunciado de un  deber ser  dentro de la Revolución a partir del empleo de verbos en infinitivo: ser tratado y tratar a los demás como seres humanos. Esa es tanto una aspiración como un imperativo para el quehacer de la Revolución. Apartarse de ambos sería para Fidel una manera de alejarse de la Revolución. 
   El sentido tan ampliamente inclusivo de esta idea complementa, a mi juicio, la teoría y la práctica de la lucha de clases.  Claro  que hay sectores sociales, las clases sociales, que explican en diferentes formaciones sociales las diferencias entre los seres humanos como oprimidos y opresores, ya sean amos y esclavos, siervos y señores, burgueses y proletarios, al decir de Carlos Marx. Y, obviamente, una revolución ha de quebrar las bases de esas dominaciones, de la hegemonía que se ejerce  mediante el control sobre los medios de producción.
   Mas hace tiempo sabemos que las hegemonías no se sustentan solamente en el empleo de la coerción económica y  la fuerza represiva.  Al dominado se le educa para aceptar esa dominación como algo natural, y en muchos casos en la creencia de que él puede ascender a las filas de los dominadores. El capitalismo contemporáneo ha refinado el sentido de la hegemonía al punto de que hasta los sueños, las esperanzas tienden a conformarse como parte de la aceptación del funcionamiento de ese sistema. De hecho se está robando la condición humana de  los individuos y se manipula su inconsciente. Así, aunque no lo parezca se deteriora la condición humana.  
   La idea de Fidel que comentamos, inseparable para su  verdadera comprensión del conjunto conceptual de Revolución expresado por él, se asienta justamente en la necesidad del reconocimiento por esta de la importancia de cada individuo y de la exigencia del respeto hacia él y de él para los demás.  Ello, desde luego presupone una sociedad en que no prevalezcan  las hegemonías y que permanezca alerta para que estas no resurjan por alguna vía, pues ello abriría brechas en ese camino del trato entre seres humanos.
   El concepto de Revolución de Fidel ha de entenderse como un deber ser, como una aspiración permanente. La historia nos ha enseñado que no hay procesos sociales irreversibles como el mismo Fidel advirtió, y que no solo los enemigos  pueden cambiar los rumbos de los procesos revolucionarios, sino que dentro de estos se pueden formar las fuerzas que los conduzcan a su fin.  Che Guevara nos lo dijo hace muchos años al advertir que el socialismo no se podía construir con las armas melladas del capitalismo. Fidel nos agrega que tampoco se puede avanzar por un camino diferente al del capitalismo fuera de su concepto de Revolución.
   Martí enseñó a los cubanos de su época, y nos dejó sus palabras y su ejemplo, en la idea de que la república nueva se iba formando desde la lucha por la independencia: el espíritu patriótico la impulsaba, pero para trabajar unidos se necesitaba el Partido Revolucionario Cubano, dentro del cual, en acuerdo con sus propósitos y estructura fijados en las Bases,  se iban creando los rasgos y el espíritu de esa república que sería una profunda revolución contra la dominación política hispánica y contra la hegemonía de una mentalidad,  de una cultura de vida moldeada por cuatro siglos de colonialismo y esclavitud.  Por eso, frente a la colonia con pocos y para el bien de unos pocos, habló Martí de una república con todos y para el bien de todos.  Y por eso también cuidó  que desde su gestación la república evitara los males derivados de aquella sociedad tradicional y que la guerra liberadora se hiciese con espíritu y métodos republicanos. 
   La diferente sociedad que deseamos hoy será consecuencia de un proceso histórico cuyo desenvolvimiento no puede ser espontáneo ni dejado a la buena voluntad de los que así lo queremos. Si pretendemos que la nuestra continúe siendo revolucionaria, es decir, fuera de los patrones del capitalismo hoy dominante en el mundo y que de su seno no nazcan y crezcan sus enterradores, atendamos  al concepto fidelista de revolución. La corrupción y el oportunismo  se aprovechan  de todo resquicio que se les deje. La mentalidad del capitalismo es ínsita a la sociedad mundial contemporánea.  La fuerza de la Revolución no está solo en su capacidad de romper el bloqueo económico y en la necesaria elevación de los niveles de vida del cubano. Es decisivo que este continúe sintiéndose revolucionario y actuando como tal, y que continúe asumiendo la ética humanista y de servicio de Martí. Y para ello es imprescindible aplicar el principio incluido por Fidel en su concepto de Revolución: ser tratado y tratar a los demás como seres humanos.

Pedro Pablo Rodríguez
23 de noviembre de 2017



quinta-feira, 19 de janeiro de 2017

En fotos, la Marcha del pueblo cubano y el Desfile Militar



La Plaza de la Revolución volvió este 2 de enero a ser marea de pueblo, clamor revolucionario, presencia entusiasta. Por allí desfilaron la Historia gloriosa forjada desde el 10 de octubre de 1868, los cuerpos armados de la Revolución gallardos y vistosos, el pueblo como hacedor principal y beneficiario de la obra revolucionaria. Allí estuvo Fidel: en sus compatriotas, en sus ideas, en su ejemplo permanente de combate y de victoria.
Cuba abrió el 2017 haciendo valer su fortaleza como proceso, sus convicciones acendradas, sus principios de siempre. Nuestra fotorreportera Ladyrene Pérez nos regala varias instantáneas del Desfile Militar y Marcha del Pueblo Combatiente que estremecieron La Habana en este inicio de año.








AdRevista Militar y Marcha del Pueblo Combatiente hoy 2 de enero de 2017 en La Habana, Cuba. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Fonte: Cubadebate
http://www.cubadebate.cu/fotorreportajes/2017/01/02/en-fotos-la-marcha-del-pueblo-cubano-y-el-desfile-militar/#.WICWltQrI_7

segunda-feira, 28 de novembro de 2016

Fallece Fidel Castro, líder de la Revolución Cubana


El presidente cubano, Raúl Castro, anunció la partida física de Fidel, quien será cremado "atendiendo su voluntad expresa".

El líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, falleció este viernes a los 90 años de edad, anunció su hermano, el presidente Raúl Castro, en una alocución en la televisión estatal. El legado antiimperialista de Fidel vive en el pueblo cubano, que llora la partida física de su líder.
El emblemático líder falleció en la noche de este viernes, 25 de noviembre, a las 22H29 (hora local), y sus restos serán cremados "atendiendo su voluntad expresa", explicó Raúl Castro, visiblemente emocionado.

El mandatario agregó que en las próximas horas se anunciará cómo se realizarán las exequias de Fidel Castro, a quien se vio por última vez el pasado 15 de noviembre, cuando recibió en su residencia al presidente de Vietnam, Tran Dai Quang.

Fidel Castro es uno de los personajes más importantes del siglo XX, cuyo legado y trascendencia se mantiene vigente en el siglo XXI. Fidel marcó una nueva etapa para Cuba, dignificando al pueblo que estaba siendo pisoteado por la dictadura de Fulgencio Batista.
No sólo le inculcó al pueblo el amor por sus raíces, sino que Fidel también implementó políticas reivindicadoras que eventualmente posicionaron a Cuba como una referencia en materia de educación y salud ante el resto del mundo.
Fidel se convirtió en una figura emblemática del antiimperialismo al resistir las políticas injerencistas de Estados Unidos y no ceder ante sus intereses. Pese al bloqueo comercial que impuso ese país norteamericano desde 1960, Cuba ha logrado mantenerse de pie e implementado medidas que le han valido el reconocimiento de diversas organizaciones.
Además de beneficiar al pueblo cubano, los servicios de salud se han convertido en producto de exportación de ese país caribeño. Más de 15 mil médicos y en total, cerca de 40 mil trabajadores vinculados a esos servicios se encuentran distribuidos en el resto del mundo.
A partir de enero de 1959 con el triunfo de la Revolución se inician esfuerzos que tuvieron como contenido esencial dar solución a los grandes problemas del pasado neocolonial, la reorganización y tecnificación del Ministerio de Educación y la toma de medidas inmediatas para acabar con el analfabetismo y la extensión a toda la isla de los servicios educativos.

Fonte: 
http://www.telesurtv.net/news/Fallece-Fidel-Castro-lider-de-la-Revolucion-Cubana-a-los-90-anos-20150109-0051.html